
Tengo la suerte de compartir muchos momentos con amigos y compañeros periodistas, de los que están en los medios, de los que están en gabinetes y, desgraciadamente, de los que están en el paro... y una palabra se repite casi constantemente. Esta "maldita" palabra se llama credibilidad, y no es que en sí sea mala, sino que el actual periodismo parece estar carente de ella.
Y es que el comentario de una compañera a la que despidieron junto con todos sus compañeros de la delegación en Castellón de un diario de la Comunitat (tampoco será difícil de saber cuál es) me ha traído a la mente, otra vez, una autocrítica de esas que te dejan hecho polvo.
¿En qué nos hemos convertido los periodistas? ¿Dónde está ese cuarto poder al que tenían miedo/respeto todos los estamentos sociales?
Pues bien, realmente no sé dónde habrá ido a parar, pero está lejos de nuestro día a día. Sea cual sea nuestro papel en la "manoseada" sociedad de la información, los periodistas estamos en entredicho. Por más que seamos profesionales, que contrastemos las informaciones, que pongamos cuidado con lo que hacemos, decimos y escribimos... todo para hacer nuestro trabajo, parece que no lo consigamos.
Y es que nuestra profesión está desprestigiada. Sí, desprestigiada por aquellos que se dicen profesionales del periodismo y son simplemente unos charlatantes; desprestigiada por los responsables de algunos medios de comunicación que prefieren tirar a gente a la calle para seguir ganando 4 duros (lo que viene a ser 0,12€) con contenidosde refrito o subcontratados; los redactores jefes/directivos que piden a sus trabajadores que no contrasten las informaciones para, así, tener la réplica al día siguiente y llenar dos veces el papel con el mismo tema...
Aquí es donde volvemos al concepto de credibilidad. Los ciudadanos lo saben, no son tontos. Quizás no lo conocen con tanta exhaustividad, pero se lo huelen. Y por ello se montan (nos montamos) nuestros propios medios de comunicación paralela.
Porque hay algo que sí es cierto, cualquiera puede ser un periodista... bueno, mejor un cuenta historias... Pero es que para serlo de verdad hay que tener en cuenta otros valores, como el de la veracidad, el "don de fuentes", el del cuidado (no explotación decimonónica de la agenda de contactos), la ética, la redacción, ente otros. Vamos, todo eso que implica la profesionalidad.
Al final de la película (quizás lo veamos mucho antes de lo que consideramos), esto se va al traste y los periodistas de base no tienen armas para reclamar poder retomar el periodismo de calle, el de la credibilidad. En otro formato, con otras características, pero con profesionales que saben lo que hacen, sin presiones económicas, políticas o mediáticas.
¿Una utopía? Puede. Pero me resisto a querer alejarme de mis inicios de redactor de base, del que cobraba poco y escribía mucho... al principio con poca calidad hasta que, templada la mente y la perspicacia que te da el día a día, las cosas salían mucho mejor y más excitantes. ¿Dónde está esa sensación en un mundo dominado por el ahora, ya, rápido y el "no dejes que la realidad te chafe una buena noticia"? Veremos.